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Manuel Ríos San Martín

escritor / guionista / director cine-tv / productor ejecutivo

Dos de Mayo en la tele

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Dos de Mayo en la tele

pantalla, pero esta serie tiene su encanto, y no es poco. Quizá no sea la más innovadora del mundo, ni siquiera la mejor, pero es de las que engancha, de las que continuamente te hace un guiño. Con el pretexto de la invasión francesa de la Villa y Corte, este espacio ofrece un fresco costumbrista y entrañable en el que muchos madrileños de viejo podemos sentirnos muy bien representados y en el que probablemente podemos reconocer a nuestros ancestros. Los personajes son creíbles, cercanos, hasta el patilludo y peleón Luis Valencia, un Candelas moderadamente patriota, muy macho y bastante enamoradizo. La gabachada no sale muy bien parada, claro está, aunque, eso sí, algún oficial al menos se limita a «cumplir órdenes» y no extralimitarse en sus funciones. Es un Madrid reconocible, un Madrid arquetípico pero verdadero, en el que los personajes hablan como mis abuelos, con gracejo, un puntito chuletas y fetenes. Un Madrid que pasa por las Maravillas y por las Cavas, un Madrid de taberneros bajitos, y modistillas bravas, forjados en el yunque de la memoria colectiva popular. No falta un niño (clavadito a Pedrito Calvo) ni faltan las navajas de Albacete, ni los afrancesados (gente de luces, gente de sombras) ni las francesitas de pitiminí locas por la moda, aunque estén maridadas con oficiales del ejército tan revolucionario como imperial de Napoleón. Hay un cura valiente y todo tipo de gente muy «echá palante» que aguanta como puede a la franchutada. Una serie para recordar a aquellos que hace doscientos años abrieron de par en par las puertas de nuestra libertad.