Manuel Ríos San Martín

guionista / director cine-tv / productor ejecutivo

Manuel Ríos San Martín

guionista / director cine-tv / productor ejecutivo

¡¡EXPLOTAR GASOLINERAS ES UNA PASADA!!

¡¡EXPLOTAR GASOLINERAS ES UNA PASADA!!

(NO TE FALLARÉ)

Este artículo fue escrito en el año 2001 tras rodar la última secuencia de la película No te fallaré en la que explotaba una gasolinera. Y no, no se hizo en digital.
 
Eran las siete de la tarde y Fernando Izquierdo, mi primer ayudante de dirección, me esperaba en el portal de casa. Era el último día de rodaje. No he podido dormir, me dijo nada más verme. Le miré, me miró, he soñado con los disparos, la explosión, con los actores... no sé si nos va a dar tiempo a terminar esta noche todo lo que nos queda. Ya subidos en el coche y yendo hacia la gasolinera a 30 kilómetros de Madrid donde se iba a desarrollar la última y complicada escena de la película empezamos a hablar de cómo lo íbamos a hacer, y eso nos tranquilizó un poco. Cuando llegamos, a pesar de ser media hora antes de la citación, había una actividad frenética. Casi todo el equipo había llegado con tiempo porque sabían que nos esperaba una jornada complicadísima. La verdad es que sí que nos quedaba más de lo que debería. A una velocidad récord se montó la luz, se vistió a Antonio Hortelano y empezamos con la pelea entre Quimi y un tipo de la banda de los Miamis.
 
A esas alturas, Fernando ya me dijo que a lo mejor deberíamos cortar parte de la secuencia, lo del atropello, para llegar a tiempo al final. La gasolinera debía estallar antes de que amaneciese, estábamos algo pasados de presupuesto y un día más con 4 cámaras, especialistas, la gente de efectos, actores, figuración, luz... era demasiado caro. Pero ahí es donde vemos que Quimi es un héroe. Vamos a intentarlo, le dije y empezamos a ensayar derrapes con Manuel Feijoo que tenía que llegar a la escena en coche y entrar haciendo un trompo. Manu es tranquilote y en su vida había hecho un derrape, pero lo pilló enseguida gracias al equipo de especialistas que le explicaron cómo hacerlo. Vamos con cuatro cámaras, tu Ángel con trípode al fondo. Ángel se había cortado la mano el día anterior, pero a pesar de eso manejaba la cámara con maestría; 6 puntos contra una estantería de cristal, pero allí estuvo. Chiqui se montó la steady, Tote Trenas, el director de fotografía, cogió la tercera cámara y Paco puso en el suelo la cuarta. Manu retrocedió con el coche, aceleró, y derrapó justo en la marca. Claro, que fue a la sexta toma, pero había quedado perfecta.
 
 
No había tiempo que perder, enseguida, teníamos que ir con Fernando Guillén Cuervo y con su escena de los disparos. Había que cargar la pistola, iluminar la caseta de la gasolinera y montar un travelling. Las cuatro cámaras otra vez. ¿Dónde está Kako Larrañaga? Kako, que interpretaba a un guardaespaldas, estaba esperando en su coche y tenía casi 40 de fiebre. Llebámamos una semana rodando de noche con un frío intenso y agua nieve. Pensar que la película la habíamos empezado en verano... Ahora estaba todo el equipo con gripe; los plumas y las bufandas puestas, menos los actores, claro, para los que suponía que era verano. La pobre Eva Santolaria iba con un vestidito de fiesta casi trasparente que apenas le abrigaba. Su personaje tenía que estar agotado, echo polvo, lloroso y no le venía mal ese estado de ánimo. Otra cosa era que al día siguiente la tuviésemos que ingresar con pulmonía... Kako tenía menos suerte ya que tenía que estar en el suelo, muerto; y con el frío aquel muerto tiritaba. Con un gran esfuerzo de concentración, Kako nos hizo creíble que no tenía vida mientras Fernando Guillén Cuervo caminaba disparando contra Sancho Gracia. Qué guapo el plano, nos dijo mientras visionábamos la toma. Pareces Terminator, tío, comentó alguien, esto le viene muy bien al personaje, de pronto, al final, lo ha perdido todo y da un giro muy interesante.
 
Sandro Disparando
 
Ahora teníamos que rodar con Sancho, que también tenía que morirse. Eduardo Santana, el productor, se me acercó y me dijo bajito, para que no se asustase el equipo, que íbamos muy mal de película. No quedaba mucha, así que decidí hacer el siguiente plano sólo con dos cámaras. Sancho había hecho más pelis de acción que todos nosotros juntos, pero en esta ocasión existía un grave hándicap: 15 días atrás había sufrido un accidente en su casa y se había roto el hombro. Tú no te preocupes Manuel, que no se me va a notar, aunque me duela un montón me decía. Y, efectivamente, cuando el impacto le explotó en el pecho y tuvo que desplomarse sobre el suelo lo hizo con tal maestría que no se notó lo más mínimo el problema de su hombro. Y si le dolió o no, no lo sabremos nunca porque no torció el gesto.
 
Parece que no vamos mal, dijo alguien y todos lo miramos. Tú mismo, son las seis de la mañana y a las 8 menos cuarto amanece. Nos quedaba el atropello y algunos insertos más. Vinieron Pedro y Félix de Morefect para hablar con nosotros. ¿Cuánto vais a tardar en montar la gran explosión? Dos horas mínimo. Pues no tenéis más que una y cuarto. Se miraron, nos miramos, y se pusieron manos a la obra. Dimos orden de ir colocando la cuarta cámara en la montaña de detrás de la gasolinera para rodar la explosión también desde allí. No era fácil subir, había llovido y el camino era puro barro.
 
Nosotros mientras vamos con atropello dijo Fernando ayudante y que nadie se acerque a la caseta que están trabajando con mucha gasolina y muchos explosivos. No fuméis cerca de ahí, por favor.
 
No quiero doble para el atropello me dijo Fernando Guillén mientras colocábamos una cámara dentro del coche. ¿Seguro? Seguro. Estábamos tomando demasiados riesgos esa noche: Manu derrapando, pequeñas explosiones ya rodadas, lo de Sancho, y ahora esto... De acuerdo, Fer, hazlo tú. A Fernando se le iluminó la cara. Vinieron Nito y Miguel, los especialistas, y le empezaron a explicar cómo hacerlo. El reloj avanzaba. Guillén esperaba de pie en mitad de la gasolinera, un especialista conducía. La imagen estaba ya en mi monitor cuando Fernando Izquierdo dio la acción. Fernando Guillén empezó a correr y el coche a acelerar. Fueron unos instantes de nervios, el vehículo se acercaba rápido a Guillén, éste lo veía, saltaba, lo atropellaban… el plano fue fantástico, pero Fernando, ¿está bien? Estupendo, ¿hacemos otra?, contestó incorporándose. Creo que no hará falta. Se ve que es él, ¿verdad Margarita? Yo creo que sí, dire, me contesto la script. ¡Bua, y ya verás esto en pantalla grande...! Dimos por bueno el atropello y continuamos con los planos que nos faltaban hasta que a las 7 y 20 de la mañana los encargados de la explosión nos dijeron que ya estaba preparada. Los bomberos de la Comunidad de Madrid habían llegado por si fuese necesaria su intervención y también una ambulancia.
 
Sandro Disparando
 
Tensión. Todos sabíamos que se acercaba el final, pero que no quedaba casi tiempo para ensayar un plano tan complicado. Dos cámaras aquí... vamos a hacerlo con los actores, no con los dobles. Félix nos dijo que no había problema, que ellos lo tenían todo controlado. Quimi tenía que conducir atravesando la gasolinera en llamas y venir huyendo hacia cámara. Luismi y Valle irían con él en el vehículo. Todavía era de noche, aunque detrás de la colina ya clareaba. Les pusimos a los actores una luz al borde de la carretera como referencia hacia la que tenían que conducir para no tener que pensar mucho en ese momento de estrés, y también para que viesen las dos cámaras entre las que tenían que pasar. Antonio Hortelano se subió en el coche donde el piloto y Manu y Eva también en sus posiciones. Vamos a ensayar. Félix y Pedro se vinieron al monitor conmigo, vimos lo que hacía el coche y me dijeron justo en este punto; aquí explotará todo. De acuerdo, un par de ensayos mas, coger bien foco, chicos que esto es toma única, y vamos allá. Antonio comprobó la velocidad y el camino por el que tenía que pasar. Estamos listos para rodar, ¿Cuánto nos queda antes de que amanezca, Tote? Tote Trenas se puso ceremoniosamente en el centro, dirigió su vista hacia donde tenía que aparecer el sol, después miró su fotómetro. El tiempo se detuvo un instante. Cinco minutos dijo. Se hicieron eternos. Cuando por fin nuestro director de fotografía consideró que era el momento adecuado los de efectos encendieron un par de fuegos que ya estaban ardiendo en la gasolinera en los planos previos, y Fernando, el ayudante, cogió el megáfono, se puso en mitad de la gasolinera... ¡Motor! Rueda cámara uno, rueda cámara dos, rodando cámara tres, y por walkie habló con el equipo que estaba en lo alto de la montaña que también confirmó que había dado motor. Se retiró del plano y cantó la acción. Todo el mundo contuvo el aliento. Antonio arrancó el coche, empezó a avanzar y no sucedió nada. Se produjo un momento de confusión. Félix salió corriendo, algo había fallado en el mecanismo. Rápidamente corrieron a apagar el pequeño incendio que había. Fueron unos instantes de gran tensión ya que mientras lo extinguían podía estallar el explosivo (que ya estaba preparado) antes de tiempo. Les costó, ya que las llamas eran bastante altas, pero consiguieron sofocarlo con potentes extintores. Los bomberos contemplaban la escena por si tenían que ayudar. No hizo falta. Una vez apagado se pusieron a revisar el mecanismo para ver por qué no había estallado. Todo el mundo se miraba, y se oían comentarios en voz baja, va a amanecer y no vamos a poder hacerlo. Tote miraba el horizonte, todavía teníamos esa hora bruja del amanecer donde prácticamente es de noche, pero hay un cierto resplandor azul marino. Rápidamente revisaron el posible fallo y nos hicieron una señal para que fuésemos a primera. Yo veía dos cámaras desde mi puesto, y todo el equipo se agolpaba mi alrededor. Antonio Hortelano estaba tranquilo a pesar de la responsabilidad de conducir el coche, asegúrate, Ángel (cámara), de que se vea bien en el plano que son ellos. Fernando Guillén se había que quedado hasta el final a pesar de haber terminado hacía rato y tomaba fotos de lo que sucedía. El primer ayudante volvió a coger el megáfono, y ¡motor!... rueda cámara uno, cámara dos... bien chicos, listos...¡¡ acción!! El coche arrancó de nuevo y cuando no había avanzado más de tres o cuatro metros un resplandor rojo y amarillo, de fuego, cegó el monitor en el que estábamos mirando. Por unas décimas de segundo el coche desapareció de la pantalla como desintegrado, pero a los escasos segundos surgió de entre las llamas, avanzando seguro hacia cámara; sí, estaban bien y se veía que eran ellos... Salieron de plano tal y como habíamos previsto. No cortéis. La gasolinera ardió unos segundos que se hicieron eternos. Vale, lo tenemos. Corrimos todos al coche, y Manu, Toni y Eva estaban bien y eso que llevaban las ventanillas bajadas por ser fieles al rácord. ¡A quién se le ocurre! Hemos notado un calor… dijo Manu. Venga vamos a ver la toma, vais a flipar. Había quedado increíble. No creo que haya una explosión real más potente en el cine español.
 
Sandro Disparando
 
Todo el mundo se empezó a abrazar, lo habíamos conseguido, había salido bien.
 
La película estaba terminada.
 
MANUEL RÍOS SAN MARTÍN (DIRECTOR)